¿Increíble? El humanismo en la era de la tecnología

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Los algoritmos no pueden explicar el mundo; por eso la cultura es hoy más importante que nunca.

¿Por qué algunos diabéticos no siguen su tratamiento? ¿Por qué un nuevo candidato político arrastra más entusiasmo entre los votantes que un partido que sigue a rajatabla las máximas de la buena política? ¿Por qué unas empresas escogen tecnología menos avanzada y más costosa que la que ofrece una start up? En la vida nos encontramos ante situaciones para las que no hay una explicación evidente. La estadística puede detectar la anomalía, pero no puede explicar el porqué. ¿O sí?

Sensemaking es un libro sobre la incidencia del factor humano en la era de la tecnología. Está especialmente dirigido a directivos. Su autor, fundador de ReD Associates, una consultoría estratégica enfocada en las ciencias humanas, ha tenido entre sus clientes a Mark Fields, ex consejero delegado de Ford, o a Coca-Cola para la introducción de té embotellado en China.

Christian Madsbjerg sostiene que los mejores líderes son, de hecho, grandes humanistas. Su tesis es simple: las ciencias duras son una buena forma de explicar mucho en nuestro planeta, como la química, la ingeniería o la física, pero no son buenos para explicar al ser humano. Y cita a Alan Lafley, ex consejero delegado de Procter & Gamble: “Al estudiar arte, ciencia, humanidades, ciencias sociales y lenguas, la mente desarrolla la destreza mental que abre a la persona a nuevas ideas, que es la moneda del éxito en un entorno en constante cambio”.

“La fijación con los datos a menudo enmascara deficiencias impresionantes, y muchos de esos gerentes de nivel inferior alcanzarán un techo de cristal en el mundo de los negocios de hoy. Son reduccionistas sin la sensibilidad para reconocer los patrones más emocionantes y esenciales. Pasaron toda su educación entrenando sus mentes para reducir los problemas y luego resolverlos. Y hoy, como resultado, simplemente no tienen la sofisticación intelectual necesaria para pasar a niveles superiores de liderazgo”, defiende.

En cambio, aplicando lo que Madsbjerg entiende por Sensemaking (literalmente, “creación de sentido”), usamos la inteligencia humana para desarrollar una sensibilidad hacia los entornos propios y ajenos. “Al final del día, no importa cuántos datos tengamos en nuestras manos, cuántos escáneres cerebrales hayamos monitoreado en nuestras pantallas, o cuántas formas diferentes hemos segmentado en nuestros mercados. Si no tenemos una perspectiva del comportamiento humano involucrado, nuestras ideas no tienen poder. Cuando perdemos el contacto con las circunstancias humanas presentes en cada elección, detrás de cada innovación talentosa y cada iniciativa corporativa exitosa, limitamos nuestra capacidad de comprender genuinamente nuestro mundo”.

“Si queremos comprender las ideas más profundas de una cultura, primero debemos entender por qué las personas actúan de la manera en que lo hacen. Cuando practicamos el sensemaking, dejamos de ver una habitación como un espacio lleno de elementos individuales y empezamos a ver las estructuras que forman una realidad cultural”.

OBSESIÓN POR LOS DATOS
Para Madsbjerg, el pensamiento crítico nunca se ha sentido revolucionario ni tan vanguardista. Y para alimentarlo son necesarias las humanidades. “Hoy estamos tan enfocados en el conocimiento basado en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que los marcos alternativos para explicar la realidad se han vuelto casi obsoletos. Este cambio de péndulo está causando un gran daño a nuestros negocios, gobiernos e instituciones”, afirma.

“Nuestra fijación con STEM erosiona nuestra sensibilidad a los cambios no lineales que ocurren en todo el comportamiento humano y opaca nuestra capacidad natural de extraer significado de la información cualitativa. Dejamos de ver números y modelos como una representación del mundo y comenzamos a verlos como la verdad, la única verdad. Estamos en grave peligro de erosionar por completo nuestro sentido del mundo humano a favor de estas falsas abstracciones”, continúa.

Según el autor de este libro, “nuestro entorno no es más complejo de lo que fue, ni es más incomprensible. El mundo de hoy se siente abrumadamente complejo porque estamos obsesionados con organizarlo como un conjunto de hechos. Los grandes datos nos hacen sentir que podemos y debemos saber todo lo que hay que saber sobre la tierra. Pero ésta es una búsqueda tonta, y deja a todos los involucrados sentirse agotado y perdido. Estamos tan obsesionados con mirar el oráculo del GPS que hemos perdido toda sensibilidad a las estrellas que brillan justo sobre nuestras cabezas”.

Madsbjerg postula así una visión opuesta de los defensores férreos del big data como la ciencia capaz de explicarlo todo. Existen más teorías en esta línea. Algunas apuntan a que los algoritmos están incompletos al no incorporar mucha información de contexto, y por eso las respuestas que formulan no pueden ser exactas. El mundo es demasiado complejo para reducirlo todo a números, postulan otros. Probablemente, todos tienen razón. Los datos ayudan a la toma de decisiones, pero en última instancia, un buen líder debe valorar también aspectos subjetivos y sensoriales, poniendo en valor la creatividad, la sensibilidad y el know-how.

Agencias