Stephen Hawking, el cerebro que apartó a Dios y se burló de la muerte

“El cielo es un cuento de hadas para los que tienen miedo a la muerte”, así lo afirmó en 2011 el prominente genio, físico y científico británico Stephen Hawking, una de las mentes más brillantes del planeta, que abrió sus ojos exactamente 300 años después de la muerte de Galileo, y este 14 de marzo de 2018 (76 años después), los cierra en el 139 aniversario del nacimiento de Albert Einstein.

La enfermedad degenerativa esclerosis lateral amiotrófica (ELA) le condenó a una silla de ruedas y, dos años de vida, según los médicos más optimistas, pero fue esta misma la que le llevó a “disfrutar más de la vida”, incluso solo moviendo, desde 2005, un músculo bajo su ojo con el que accionaba un sintetizador de voz.

Solo un intelecto a niveles ‘estratosféricos’ hubiese podido emitir una frase que en su propia condición física es burlar el trayecto a la tumba. “No tengo miedo de morir, pero no tengo prisa por morirme. Hay muchas cosas que quiero hacer antes”.

Para un científico es difícil admitir errores y generar nuevas ideas, pero Hawking refutó siempre sus propias teorías y luchó por la verdad detrás de ellas. Debido a todos los avances que generó en el estudio del universo es que lo homenajeamos.

Al contrario de lo que se pensaba en el momento, Hawking postuló que el universo no tenía límites. Sobre el origen del universo dijo que luego del Big Bang se crearon varios agujeros negros, y a partir de allí decidió estudiarlos en profundidad.

Los agujeros negros no eran tomados en cuenta en los estudios de la relatividad de Einstein, pero años después Stephen Hawking tomó la decisión de investigarlos, concluyendo que el horizonte de sucesos de un agujero negro corresponde a los caminos de los rayos luminosos que permanecen orbitándolo, es decir no pueden entrar, ni escapar del mismo.

Hawking se retractó numerosas veces de lo que dijo y parecía no estar nunca seguro de lo que decía. Para muchos esta es una cuestión fundamental, porque implica estar siempre en busca de la verdad. Durante mucho tiempo sostuvo que cuando un agujero negro explotaba la información se perdía. Luego de una polémica con Leonard Susskind admitió su error y dijo que iba a probar que la información quedaba en el universo, pero desafortunadamente no tuvo tiempo de hacerlo.

Y es que no es exagerado afirmar que Hawking se convirtió en el científico más conocido del mundo. A partir de la publicación en 1988 de ‘Historia del Tiempo’, el libro que le catapultó al estrellato. Parte de esa fama se debió a su incomparable talento para la divulgación científica en el campo de la astrofísica, condimentada con su ingenioso sentido del humor.

Su ateísmo era tan acentuado como su inteligencia, aunque siempre hemos sabido que ciencia y religión no van de la mano. “Lo que quise decir cuando aseguré que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de entender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”.

En julio de 2015 presentó en la Royal Society de Londres un proyecto de búsqueda de vida extraterrestre. Una mente humana, un cerebro ‘andante’, aunque pierda sensibilidad, buscando extraterrestres: una locura hecha ciencia.

“Solo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella muy normal. Sin embargo, podemos comprender el universo. Eso nos convierte en algo muy especial”… ¡GENIO!

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