“Todos tenemos culpa del tráfico ilegal de madera”: WWF

Foto: referencial

El tráfico ilegal de madera es un problema muy difícil de erradicar por la inmensidad de la masa forestal del mundo pero, sobre todo, por la falta de conciencia social, lamentó hoy el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

“Todos tenemos algún mueble de madera en casa, pero cuántos nos hemos preocupado de que esa madera tenga un origen legal. La respuesta es clara: nadie”, aseguró en una entrevista con Efe el responsable de la ONG en Panamá, Carlos Espinoza.

Cuando se habla de tráfico ilegal de madera, apuntó el activista, la gente inmediatamente piensa en mafias internacionales que esquilman bosques y venden especies prohibidas en mercados remotos, pero la realidad es “mucho más amplia”.

La ilegalidad, explicó, puede abarcar desde el artesano que tala sin permiso un árbol para construir una mecedora, hasta el agricultor que deforesta un terreno para cultivar palma africana o el maderero que tala indiscriminadamente árboles y se los vende a una multinacional que comercializa muebles.

“Todos participamos y somos cómplices del tráfico ilegal de madera. Mientras no cambiemos nuestros hábitos de consumo, no vamos a solucionar el problema”, afirmó el especialista.

“Si un comercio no puede mostrarte las certificaciones que acreditan el origen legal de la madera que vas a adquirir, depende de tu conciencia acceder a comprar el producto o negarte a entrar en el juego del tráfico ilegal”, añadió.

La organización ambiental WWF está ayudando al Gobierno panameño a implementar en las provincias orientales del país un sistema de trazabilidad y control forestal que permitirá seguir la trayectoria de los árboles a través de dispositivos electrónicos (chips) desde que son censados hasta que su madera llegue al consumidor final.

La iniciativa es inédita en Panamá, pero lleva varios años funcionando en otros países de la región como Bolivia, Guatemala o Ecuador, indicó el activista.

“La trazabilidad no acaba con este problema porque la persona que quiera delinquir lo va a seguir haciendo. Ningún país del mundo está libre del tráfico ilegal de madera, ni siquiera creando áreas protegidas, pero sí se puede controlar y disminuir”, admitió.

El WWF, que ha participado en otros programas gubernamentales sobre monitoreo forestal, calcula que la mitad de la madera que se comercializa en Panamá es ilegal, unas cifras muy parecidas al resto de países de Centroamérica.

“La madera ilegal es más barata porque no paga impuestos. Un indígena de Tupisa (en el este del país) que cumple con todos los requisitos legales vende el pie de madera (que equivale a 0,0023597 metros cúbicos) a 48 centavos de dólar, mientras que los ilegales lo están ofreciendo a 25 céntimos”, explicó.

El 80 % de la madera que se vende en Panamá se saca del este del país, principalmente del Darién, una impresionante selva que hace de frontera natural con Colombia y donde crecen especies de árboles altamente cotizadas como el bálsamo, la caoba nacional o el cocobolo, cuya extracción está prohibida desde hace varios años.

“No sabemos quiénes integran las mafias que venden estas maderas preciadas, hay muy poca información. Lo que sí sabemos es que cuando el problema del cocobolo se agudizó en Darién hubo muchos empresarios asiáticos y estadounidenses que llegaron al país. Fue algo parecido a la famosa fiebre del oro en California”, recordó Espinoza.

Según el Ministerio de Ambiente, las incautaciones de madera ilegal se han reducido cerca del 70 % desde julio de 2014, cuando tomó posesión el actual Gobierno.

“Esto puede ser un indicador de dos cosas: que no está sirviendo lo que estamos haciendo y la madera ilegal se está escapando por otro lado o que efectivamente los controles están dando resultados. Yo apuesto más por lo segundo”, declaró el activista.

EFE

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