¿Sexo con un robot?

¿Sexo con un robot?

Si dispone ya de un robot que facilita sus tareas en la cocina, quizá otro con forma de ovni que aspira su piso, disfruta de un sillón masajeador o habitualmente una máquina le guía para llenar el depósito de combustible, quizá le sea apetecible también utilizar un robot para cuestiones sexuales.Al menos uno de cada cuatro hombres estadounidenses así lo cree, según el estudio realizado por YouGov.

El 24% de los hombres y el 9% de las mujeres entrevistadas ‘online’, de una muestra de 1.146 adultos estadounidenses, considerarían practicar sexo con un robot si fuera posible.Teniendo en cuenta los 15.000 millones de dólares que genera la venta de robots en la actualidad, estos porcentajes no me resultan en absoluto sorprendentes.

Curiosamente, las mujeres cada vez estamos más familiarizadas con pequeños robots o juguetes sexuales vibratorios, aunque solo representen una parte de la anatomía y no un cuerpo completo. Y aunque las cifras, por el momento, muestren lo contrario, el conocido futurólogo, Ian Pearson, sugirió que, en unos 10 años, seremos nosotras las que nos ocuparemos de los robots, mucho más que los hombres, en el plano afectivo sexual, según The Sun.Además, en el Mobile World Congress del pasado año, Pearson comentó que en 2050 “los robots serán capaces de hacer casi cualquier tipo de trabajo. Uno de los más importantes sería cuidar de nosotros, dándonos compañía, amistad, y por qué no, sexo. Los robots tendrás altas capacidades emocionales”.

Teniendo en cuenta que “la mayor parte de la electrónica que llevaremos estará bajo nuestra piel”, cuestión que denomina como ‘piel activa’, quizá la predicción de Pearson no resulte tan extraña llegado el momento.Y presumo que no anda desencaminado pues, para el experto en inteligencia artificial y autor de ‘Amor y sexo con robots’ publicado en 2008, David Levy, en 2050 mantener relaciones con robots será habitual. Actualmente, las muñecas y muñecos hiperrealistas han cobrado visibilidad en los últimos años. Su piel, de tacto semejante a la humana, no deja de ser un material TPE, de caucho termoplástico.

Eso sí, podrá hacer lo que quiera que no se quejará, estará disponible siempre y no le presentará a sus padres. Pueden regular su temperatura genital y son mucho más flexibles que la mayoría de las personas de este mundo, lo que facilita algunas posturas sexuales. Sería la versión 4.0 de la muñeca hinchable de antaño, ofreciendo un mejor servicio, por supuesto. La intencionalidad de uso, en cualquier caso, es la que marcaría la diferencia. Un robot podría ser muy útil en diversos aspectos, al igual que lo es un dildo, una vagina de silicona médica o la gran gama de vibradores existentes. Sin embargo, pretender que quien te de cariño sea tu vibrador, queda bastante grande a estos juguetes sexuales.

Mantener sexo con un robot ¿se podría considerar infidelidad? Según el estudio de YouGov, el 36% de las mujeres y el 29% de los hombres así lo creen. Y, ¿se puede llegar a sentir celos de un robot? Al menos de un vibrador sí, o eso ha llegado a mis oídos. En cualquier caso, considero que sustituir una relación humana por una robótica, dice mucho de la situación social, emocional y psicológica de la persona que se vincula emocionalmente a una máquina, por mucho placer que nos pueda generar esta. Les aseguro que a muchas personas la lavadora también les genera mucho placer, aunque no sea sexual, precisamente. Y no creo que, ni incluyendo su vibración en alguna de sus experiencias eróticas, se enamore de esta ni pretenda ser acariciada por ella. O sí, pero ya estaríamos hablando Robofilia.

Aunque no resulte raro encontrar personas que deseen tener relaciones sexuales con robots actualmente, esta parafilia iría más allá. Si este comportamiento supone la exclusividad robótica de sus relaciones, la incapacidad para obtener placer en relaciones humanas, aún siendo deseadas, y esto generase malestar, al menos en nuestra era, sería objeto de estudio y tratamiento. Por supuesto, lo que hoy resulta extraño mañana podría ser lo más habitual, como afirman los expertos en la materia. Quizá seamos los deseantes de piel humana los que recibamos terapia entonces, dentro de 30 años.

Agencias